Desde hace ya medio siglo tengo claro que cuando un político español -son, al fin y al cabo, los que tengo más controlados-, y si es del partido de la mano y el capullo más aún, dice que no hará una cosa, lo más probable es que la haga, más pronto que tarde.
Asediado por el fango de los casos de
corrupción, el psicópata de la Moncloa llama andanzas a los manejos de
aquella que mandó a operar en las cloacas -no el lápiz más afilado de un
estuche de tarugos-, se muestra consternado por esos tejemanejes y garantiza
que no habrá Superdomingo electoral la próxima primavera.
Lo cual es como decir que nos vayamos preparando para votar en tres o cuatro urnas uno de los últimos fines de semana de Mayo de 2.027.

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