Hay quienes dicen que el psicópata de la Moncloa está dejando el partido de la mano y el capullo hecho unos zorros, hasta tal punto que correría el riesgo de desaparecer.
Por deseable que fuera, eso no equilibraría
todo el mal que han causado a España desde su creación: apoyo a algaradas
ilegales, usurpación del poder, creación de una república sectaria, oposición a
que se cumpliera la voluntad de las urnas, alzamiento en armas cuando los votos
no les eran favorables, pucherazos, persecución de una guerra civil, genocidio
de católicos, destrucción de tesoros artísticos, robo a manos llenas, huida por
piernas cuando las cosas iban mal dadas, amiguismo, corrupción, terrorismo de Estado,
alianza con los enemigos de la unidad de España, apoyo a los terroristas, apoyo
a los separatistas, patrimonialización de las instituciones del Estado,
eliminación de los contrapesos democráticos, persecución de los discrepantes…
No, la desaparición de esa banda no
alcanzaría siquiera a compensar una mínima parte de todo eso. Pero sería un
buen comienzo. Y a los que aducen por la necesidad de un partido democrático de
izquierdas (si tal cosa existe), que no se preocupen en demasía, porque la
naturaleza aborrece el vacío.
Ya surgirá alguno, que intentos ya ha habido.

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