Son quienes más critican a los demás los que más deberían callar. Este rasgo, tan humano, está muy presente en los voceros de la izquierda.
Tomemos el caso de una periodista que en los comienzos de su carrera fue jefa de prensa de Alianza Popular.
Su deriva posterior fue
tal que es una de las que más aúllan las consignas del desgobierno socialcomunista
que tenemos la desgracia de padecer -mentiras, bulos, fango, pseudomedios- cada
vez que sale a la luz otro de los aspectos que ponen de manifiesto la podredumbre
sobre la que ha medrado el partido de la mano y el capullo.
Pues resulta que esta adalid de la integridad presidió un medio de comunicación financiado por la cloaca del psicópata.
Átame esa mosca por el rabo, si es que puedes.

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