Por lo que he leído por internet, Burroughs comenzó en este volumen dos elementos que se mantendrían a lo largo del resto de la serie.
En primer lugar, las civilizaciones perdidas.
Aunque la ciudad de Opar ya había aparecido en otras dos ocasiones, y volvería
a aparecer alguna que otra vez, Xuja (nombre que aparece antes en el índice, en
el título de un capítulo, que dentro del cuerpo de la novela; al menos, en la
edición que yo tengo, las fuentes de internet son algo confusas al respecto) inaugura
la lista de todos esos sitios ocultos en el interior de África donde pueblos
han permanecido ocultos durante siglos.
En segundo lugar, la aparición de la damisela
en apuros, por más que la damisela en esta novela sea perfectamente capaz
de apañárselas sola… en situaciones normales. Pero las situaciones que rodean
al hombre mono son de todo menos normales.
En cuanto a la novela en concreto, es
profundamente antigermánica. Cosa comprensible si tenemos en cuenta la época en
la que se escribió -finales de la década de 1.910- y la época en la que está
ambientada -la Primera Guerra Mundial-, en la que los alemanes eran los
malos. Pero Burroughs los llama de todo menos bonitos y, de hecho, en su
publicación original la primera parte de la novela se tituló Tarzán y los
hunos.
Lo que no deja de ser gracioso, porque los hunos eran de Asia central...

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