Los ecologistas sandía -ya se sabe, verdes por fuera, rojos por dentro- entran dentro de lo que Churchill definía como fanáticos: no saben cambiar de idea y no quieren cambiar de tema.
Para este gente, los males del mundo provienen
del capitalismo y de la derecha. Obvian el considerar que las mayores
catástrofes ecológicas han sido perpetradas por regímenes que se dicen
comunistas, especialmente dos: la Unión Soviética y la China continental. En ambos
casos, con el resultado de decenas de millones de muertos.
Pero, según ellos, el automóvil fue un símbolo
del desarrollismo durante el franquismo. Como en tantas otras cosas, para el rojerío patrio el poder
del Generalísimo era casi mundial, puesto que en la misma época el boom automovilístico
se produjo en prácticamente todo el llamado primer mundo. De acuerdo con
la inteligencia artificial, se pasó de cuarenta y cinco millones en 1.945 a
noventa y cinco (más del doble) en 1.955, ciento noventa (de nuevo el doble) en
1.965 trescientos diez en 1.975 (a pesar de la crisis del petróleo).
Y mientras, hacía que el Real Madrid ganara seis Copas de Europa, cinco de ellas consecutivas.

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