Un matón es alguien que es fuerte con los débiles y débil con los fuertes. Alguien que, cuando otra persona no está presente, profiere bravatas y amenazas, pero que luego recula y baja la cerviz.
En este sentido, Donald Trump es un matón. El
psicópata de la Moncloa también, aunque en una categoría inferior: es un chuloputas
(cosa de familia supongo). Y es tan imbécil que acierta de chiripa al hablar.
Como cuando, tras la última cumbre de la OTAN, dijo que había hablado con el presidente estadounidense sin ninguna tirantez, y que habían tenido una conversación coloquial. Que sí, que coloquial quiere decir propio de una conversación informal y distendida, pero apuesto duros contra pesetas a que no era eso lo que pretendía decir.

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