Uno creía, hace cosa de veinte años, que la política española había tocado, al menos por el lado de la izquierda, el fondo de la estupidez. Nos equivocamos.
Por primera vez desde el franquismo hubo en
España un departamento ministerial dedicado específicamente a la vivienda.
¿Sirvió para algo? Para nada práctico, pero nos permitió echarnos unas risas
(por aquello de no llorar, básicamente).
Para empezar, introdujo un nuevo eufemismo en
el politqués: la gente ya no buscaba casa, o vivienda, buscaba una solución
habitacional. El tamaño teórico se redujo tanto que a la titular del ramo,
Maria Antonia Trujillo, pasaron a llamarla apretrujillo. ¿Y qué mejor
que unas zapatillas para patearse las calles en busca de tu solución
habitacional? Pues, sin que se les moviera un músculo de la cara, se
sacaron de la mano unas zapatillas y las llamaron kelifinder. Dudo que vendieran
muchas, la verdad.
Bien, pues ahora llega el desgobierno socialcomunista
que tenemos la desgracia de padecer y ha contratado a dos influencers para anunciar su nueva marca de ropa, a la que han llamado (a la marca, no a la
vendedora de aire) Dmocracia.
Unas prendas que, dicho sea de paso, son más feas que pegar a un padre con un calcetín sudado.

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