lunes, 27 de julio de 2026

Cuando lo superen, hablamos

La izquierda, al menos la española, siente un odio profundo por la riqueza. Por la riqueza ajena, quiero decir.

Para ellos, cualquier cantidad que tengan los demás es siempre excesiva. Cuanto mayor sea, más ilícitos habrán sido los medios para onbtenerla y más reprobable será su posesión, aunque sea fruto del trabajo duro y el buen olfato comercial.

Así, han pasado de criticar las contribuciones de Amancio Ortega por el simple hecho de producirse, a hacerlo porque, según ellos, suponen para el magnate gallego poco más que el chocolate del loro. Así, los fondos que ha destinado como ayuda a Venezuela tras el terremoto equivaldrían, según ellos, a que una persona normal donara un euro y treinta y ocho céntimos.

Pues no me sorprendería que muchos de los que tanto critican no hayan entregado ni siquiera la décima parte de esa insignificancia.

¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

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