La llamada ley de nietos es, se pongan como se pongan los apologetas del desgobierno socialcomunista que tenemos la desgracia de padecer, una medida que nada tiene de ser una reparación, salvo en el menguante caladero de los dispuestos a votar al psicópata de la Moncloa y al partido de la mano y el capullo.
Porque, desengañémonos -si es que alguno
estuvo alguna vez engañado: no es mi caso-, el conceder la nacionalidad a los nietos
de quienes dejaron España el siglo pasado -sea por motivos políticos,
económicos o simple apetencia- no busca luchar contra el franquismo,
sino comprar votos (un millón trescientos mil y contando) para alterar el
resultado de las elecciones.
Sólo queda rezar para que los españolitos de aluvión no sean tan estúpidos, y que los que lo sean no basten para volcar la balanza a favor del psicópata de la Moncloa.

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